A mi querido amigo y hermano: Francho Marcén
. Perdonen que me ponga melancólico y bañe mis palabras en un oscuro y triste sentir...¡soy humano!. La verdad, y no he de mentir en esto, nunca llegué a comprender el mito de la amistad (un mito de connotación positiva). En los grandes clásicos, la amistad (y perdonen de nuevo, pero mi desconocimiento en este tema es notable) tendría que estar representado por una gota de sangre. La amistad, la buena amistad, es como una gota de sangre que poco a poco y sin control alguno, recorre tu cuerpo hasta llegar al corazón. Es extraño, pero nunca te das cuenta de lo que está ocurriendo. Para explicarme mejor les contaré una historia muy personal. En otras palabras: les abriré mi corazón.
En cierta ocasión, no hace más de un año, conocí a una persona encantadora. Un tio legal como se dice. A base de unas visitas diarias practicamente obligadas por nuestra labor, empezamos a encontrarnos agusto los dos. Mas tarde llegaron las visitas, que aun siendo obligadas, la devoción empezaba a ser nuestro guía. El mundo estaba alrededor, y la gente nos agradaba. Pero eso de la afinidad...¡no es mentira!. Un día te levantas, y ya no es como antes. Ahora tu estás y él tambien. Ayudas, risas, tabacos prestados pero más bien regalados...todo es un microclima tan agradable, como es el sonido de las olas rompiendo en un amanecer sin horas.
Ese, es mi amigo. La vida nos separó, y el destino quiso que nos olvidasemos. Pero no. Eso no es así. Mi querido amigo en cierta ocasión me dijo: "te quiero mucho pero el futuro es incierto. Te echaré de menos. Te aseguro que este año no caerá en el olvido". Y yo, con lágrimas en los ojos pero con una sonrisa de esas que no se puedan borrar, hago de sus palabras hechos y sé que el mundo se volverá a poner bajo nuestra sombra.
Ahora, espero un pañuelo que yo no pude recoger. Olerá a tabaco, a años pasados, a tiempos de sentada. Olerá a ventana dando campo para ver. Olerá a pasillo, a banco, a biblioteca...Olerá a su casa. Olerá a todo lo que fue, para que yo me quede con todo lo que es. Querido amigo, hoy te escribo y no sé cuando lo volveré a hacer. La vida sin ti continua, pero ese capítulo nunca lo olvidaré. Este pañuelo...se quedará en el cuello del bandolero que aun sin balas, sabe que nos queda mucho por vivir...

Bandolero dijo
Anoche pasó por aquí el protagonista de este artículo: ¡gracias!
23 Agosto 2005 | 01:47 PM